martes, 6 de noviembre de 2007

BRANDY: UNA HISTORIA DE PERRO



Cuando esa tarde llegué, lo primero que hice fue correr al patio, donde estaba, para saludarle con la alegría de quien se reúne con su hijo, él me miró extrañado inicialmente, pues seguro pensó que yo había desaparecido para siempre, giró su cara con las orejas un poco alzadas e inmediatamente se abalanzó sobre mí, lamiendo mi cara con desesperación, su rabo parecía que se iba a soltar de tanto que lo movía de un lado a otro. Ese era Brandy, mi perro.

Un año antes me despedí de él, claro nunca comprendió que me iba realmente pues ese concepto no lo tenía formado, pero debió sentir algo nuevo cuando le abracé y lloré al irme, seguro supuso que algo pasaría.

Durante un año estuvo al cuidado de mi padre y madre, Iván nerviosamente lo cuidó, alimentó, bañó, y llevó al veterinario cuando hizo falta, me contó que de tanto salir a la grama del frente de la casa, se llenó de garrapatas, y le costó mucho deshacerse de ellas, son una plaga lo sé.

Reneta en cambio cada vez que se topaba con él le atropellaba diciéndole: ! Quítate Perro! Brandy sin embargo le profesaba cierto cariño y movía su colita alegremente al encontrarse con ella. Ella secretamente también le quería.

En una ocasión, y para manifestar su molestia y protesta, Brandy al escuchar las quejas de Reneta corrió hasta su cama en la parte de arriba de la casa y se orinó encima, los resultados no fueron buenos para él, nunca mas se le permitió la entrada libre a la casa.

El día que Brandy llegó a la casa, era del tamaño de una rata, tenía apenas 1 mes de nacido, era de color champagne, y de una hermosura irresistible, lo escogí de entre los 7 perritos que Sony, la perra de Silvia, había parido el 21 de julio de 1989.

Habiendo convencido a mis padres de que el nuevo perrito entrara en la familia, Iván asumió el poder y la prerrogativa de ponerle el nombre, se va a llamar “Brandy”, dijo, y aunque era un poco común el nombre a todos nos convenció y Brandy se llamó.

Durante meses estuvo en entrenamiento para no orinarse en la alfombra, pero su personalidad era mucho más fuerte y jamás lo logró, nunca entendió el meollo del asunto, de hecho al año la alfombra de la parte de arriba de la casa estaba acabada.

Desde su llegada, me dediqué a su cuidado, compraba la comida, y se la preparaba, al principio eran tres comidas al día, carne cruda molida, zanahoria rayada y arroz + una papilla con leche, lo limpiaba y bañaba, limpiaba sus excrementos y sus orines en toda la casa, en fin se convirtió en mi perro.

Creció fuerte y sano, con un pelo beige, marrón, largo bellísimo, corría en los parques y cuando le silbaba venía de donde estuviera, aunque siempre fue muy impulsivo y desobediente, todo le llamaba la atención, particularmente todo aquello que no debía hacer.

Mi padre decía que el perro era poeta, pues se quedaba horas mirando las luces que se reflejaban en las paredes, quien sabe que pasaba por su mente, pero estoy seguro que de haber podido expresarse lo habría hecho con versos perrunos, es tan así que llegó a ser capaz de cantar al ritmo del violín y el piano, incluso llegó a saber el momento de la pieza musical en que le tocaba entrar con su aullido desafinado.

Brandy viajó, estuvo en Choroní, y en avión fue a Mérida un par de veces, otras en carro.

Nos acompañó a subir una montaña en El Valle, un pico rebautizado Rojas por mi padre, quizá ese fue el día que mas caminó en su vida, corría feliz, eran días de juventud.

Vivió 15 años, todo lo que puede vivir un perro, el día final, echado adolorido, toqué su hocico haciéndole cariño, mientras la anestesia le daba un minuto de paz, por un instante movió su colita feliz y aliviado, dudé, luego se fue para siempre.

9 comentarios:

Jose Urriola dijo...

bróder, qué belleza. Se lo debías al pana Brandy, era un buen tipo. Seguro que él y Tureco son grandes amigos, se toman birras caninas en un bar perruno y se cagan de la risa y la nostalgia hablando de esos humanos que ellos adoptaron en vida.
Yo tengo una imagen: el día en que me muera si al fondo del túnel está Tureco moviendo la cola es porque me salvé. De lo contrario, estoy seguro me estará esperando el gordo de Guaco disfrazado de Mariachi o Ricardo Montaner de bailarina.

Jacqueline dijo...

Qué post más triste... Es lindo pero triste. No entiendo una cosa, Iván no eres tú?

Estoy engalletada.

Rodrigo dijo...

Triste pero así es la vida, te felicito...
Un fuerte abrazo

IERL dijo...

Jacqueline: No es tiste, es maravilloso haber tenido a mi perro. Ivan soy yo, pero mi padre también se llama Iván... Abrazo.

Jose: Que maravilla tu imágen de salvación. Recuerdas en Barcelona, ese día de lluvia, con lecturas, y cuentos de los perros?

Rodrigo: Gracias pana.

Anónimo dijo...

Hola Kike, acabo de leer la resumida historia de Brandy... estoy berriando como una boba, me ha dado un sentimiento!!!...asi soy yo...y tu tambien!!
Encuentro en tus historias una gran necesidad de conectarte con todo lo que te ha pertenecido y lo escribes para resguardarlo con palabras, de manera que este mas presente, mas a la mano...esto te identifica plenamente con nuestro papa...que vive aniorando profundamente tantas cosas!! Yo tambien tengo ese proceso y me encanta escribir, mas no he sentido la necesidad de plasmar con palabras esos recuerdos, eventos y momentos de mi vida que han causado en mi algun impacto. Quizas mas adelante, cuando tenga mas tiempo libre y las anioranzas se tornen mas fuertes!!
Un beso
Tu hermana Shivina

Jennifer dijo...

Que lindo Ivanhoe.dos horas de. Cola me permitieron ponerme aldia con tu blog.besos a la prima.bye

alejandro dijo...

Siento lo de tu peroo bro, esto me hace recordar que los dias de mi viejo amigo Guatay son cada vez menos, creo que despues de leerte lo tengo mas aumido... un saludo

alejandro dijo...

Siento lo de tu peroo bro, esto me hace recordar que los dias de mi viejo amigo Guatay son cada vez menos, creo que despues de leerte lo tengo mas asumido... un saludo

Poder blanco dijo...
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