RATÓN
Es sábado en la tarde, el mundo parece como detenido, la única evidencia de que hay vida afuera es el sonido de pajaros que bajan del Avila y se cuelan en mi casa, siento el calor tropical de mi ciudad Caracas - 35 Grados Centígrados en esta época del año- y de nuevo parece como si nada estuviera ocurriendo en las calles, como si el calor hubiera dormido todo, como si la gente se hubiera "caimanizado" y estuvieran todos en sus casas echados durmiendo con la boca abierta. La cabeza me palpita un poco - hora de las consabidas ATAMEL-, la evidencia de la sensación estomacal es clara, me debo haber excedido en la fiesta de anoche. Como tantos sábados desde que fui adolesente hasta hoy, me levanto en medio de este calor y con esta sensación de caníca en la cabeza, de una siesta que hoy se unió con el sueño de la noche próxima, producto de la resaca, común ratón caraqueño, que me produjo la velada de anoche con amigos de la infancia. Amigos de la infancia con quienes crecí, compart...