TRAMPA- Una Historia de Traición Corporativa en 5 Actos
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El éxito corporativo es un edificio que se construye ladrillo a ladrillo durante años, y cuya demolición desafortunadamente requiere de poco esfuerzo, pisar un “cable pelado", defender posturas incómodas, o transgredir lo políticamente correcto -aunque ocurra solo en la imaginación corporativa- puede convertirse en la lápida de la tumba corporativa.
Los valores, frecuentemente enarbolados en las corporaciones, son frecuentemente abandonados, con facilidad, ante intereses circunstanciales. Esa es la historia que vengo hoy a contar.
Para nuestro protagonista, 12 años de impecable, exitosa y sonora trayectoria, desde distintas locaciones, no fueron ni aval, ni escudo suficiente.
Atrás quedaron los halagos, las sucesivas promociones, los hitos de éxito rotundo, en un plis-plas y a manos de la fabricación artificial de intereses personales, el destino giró y todo cambió.
La causa no fue un error técnico, ni una falta ética, fue una sinfonía de intereses cruzados ejecutada en tres husos horarios distintos y cinco actos.
Primer Acto- La Arquitectura de la Traición
La emboscada se urdió en los pasillos de tres sedes corporativas. Tres personas distintas, en perfecta colusión, unidas circunstancialmente, y movidas quizá por la inseguridad profesional, la ambición y una visceralidad que ecualiza desacuerdo, con violencia de género, coinciden en el deseo de terminar con la oposición meramente profesional del protagonista.
El, no tenía realmente oportunidad frente a este acuerdo tácito o explícito de convertir en algo personal un tema de trabajo, su propia vehemencia -gran enemigo, su confianza en el sistema y su propia ceguera ante semejante ardid, le impedía simplemente abrirse. Craso error.
Así, ellas encontraron en las brechas del programa de cumplimiento, el arma perfecta: Una sucesión de denuncias de sexismo y maltrato de género, sacadas de desacuerdos profesionales reales, convertidos al drama sexista, ese del que se alimentó el discurso corporativo en años reciente, lograron soterrar y condenar cualquier discusión en el ámbito profesional entre un hombre y una mujer, a la crucifixión por irrespeto personal. La tormenta perfecta post pandemia.
Sabían ellas que, en el mundo corporativo moderno, y en el ámbito de los tribunales de la inquisición corporativa disfrazados de ética, no necesitaban pruebas, solo necesitaban generar el volumen suficiente para que la empresa, por puro pánico, eventualmente activara la guillotina, y así fue.
Segundo Acto- México: La Quinta Columna
Allí operaba la arquitecto del engaño interno. Una persona insegura, dubitativa, enfrentada a un reto del tamaño y complejidad de Latinoamérica, maestra en el lenguaje de la corrección política, y en no mojarse jamás.
Durante meses, fingió apoyar a la víctima en su propuesta audaz de reforma del modelo de gerencia del área. Le dio la razón en privado, criticó duramente las fórmulas que superponían unas posiciones sobre otras y en ese sentido pulió y alentó sus argumentos. Le aseguró que el cambio era vital. Pero su objetivo era otro: Alentarle para que se arriesgara él, mientras ella calculaba el ambiente y definía cuando protegerse detrás del protagonista, quien ella sabía, se lanzaría a decir lo que ella no se atrevía. Eso protegería su posición y ocultaría las fallas de liderazgo que “amenazaban” involuntariamente, su permanencia, mientras se alimentaba de información valiosa sobre los desacuerdos que crecían entre Chile y Panamá.
Tercer Acto- Chile: La Estratega del Feudo Desde Santiago
Con la perversidad del cálculo minucioso, la víctima cayó en una trampa sin salida, diseñada para proteger la cuota de poder en el cono sur.
Del mero desacuerdo profesional y la beligerancia evidente, se coligió y argumentó un patrón de conducta mostrado como disruptivo y marcado con el estigma del sexismo y consecuente maltrato, una horrible manipulación que solo hacía el ruido necesario para sacar del camino una visión contraria a los intereses personales de la perpetradora, sin tener que discutir jamás el fondo.
De ahí salió la masa crítica: Tres denuncias directas y consecutivas, derivadas del lamentable desacuerdo profesional y el desencuentro personal, contextualizadas muy lejos del ámbito en el que se desarrollaban y afianzando el tema infalible, sexismo y maltrato de un hombre a una mujer.
No se buscaba justicia; se buscaba saturar el sistema para que pareciera que existía un patrón de conducta imposible de ignorar.
Cuarto Acto- Brasil: El Falso Testimonio
El golpe de gracia vino de Brasil. Una sorpresa que el protagonista jamás vió venir.
La oportunidad perfecta para deshacerse de quien significaba quizá una seria competencia al avance hacia posiciones mas relevantes. Una abogada discreta, preparada, estratégica, y dispuesta “inexplicablemente” a colaborar con el plan.
Esta última se alió y acompañó el paquete chileno con absoluta manipulación y saña, demostrando una absoluta deslealtad.
Llevó a la mesa un supuesto incidente de discriminación del que decía haber sido testigo, y el cual fue negado rotundamente por la supuesta víctima. La revisión del caso lejos de concluir desestimarlo en virtud de la negación de la supuesta víctima, lo usó como simple suma aritmética confirmatoria.
Jamás se preguntó alguien cual podría ser la motivación de la rareza de denunciar algo que no era propio, sino ajeno, y que encima era negado por la víctima, pero las mal interpretadas políticas de no retaliación impedirían cualquier esfuerzo en ese sentido, con lo cual el solo hecho de la denuncia, coincidente con lo que se venía gestando desde Chile, sería suficiente, aunque fuera manifiestamente falso y en consecuencia claramente malintencionado. Se empezaba a cerrar el círculo.
Quinto Acto- Lanzado a los Leones
El colapso ocurrió en una reunión de alta dirección. La víctima llegó preparada para presentar el trabajo, con planteamientos basados en las opiniones reales de los compañeros de área, obtenidas en encuestas, incluyendo planteamientos de cambios estructurales y estratégicos, independientemente de si colaran o no, sin miedo, con sincera honestidad y meridiana claridad.
Llegó la estocada final, la líder regional que había en privado apoyado y alentado el trabajo, guardó silencio gélido, “pasó agachada” al constatar el enojo del líder global. Dio un paso atrás, dejándole solo frente a un jefe que ya tenía sobre su escritorio el expediente manchado por las denuncias chilenas y su confirmación desde Brasil.
Sin el respaldo de su colega de confianza, el trabajo y presentación fue interpretado como deserción y oposición inaceptables, la mesa estaba servida, no hubo discusión, solo decisión conveniente.
La Ceguera de la Cima
La corporación actuó con la frialdad de un algoritmo. El Líder Global, guiado por un interés meramente numérico sobre cabezas y costos + un supuesto riesgo, y con una conveniente ceguera, prefirió la paz cosmética a la verdad y la justicia.
No hubo careo, no hubo derecho a la defensa, no hubo análisis de los logros de una década espectacular, ni de las infinitas relaciones exitosas construidas durante ese tiempo. Tampoco hubo duda sobre el repentino giro sexista de un empleado que en 12 años jamás mostró signo alguno de semejante cosa, nadie se preguntó mas nada, solo se avanzó según el guión previsto.
Nuestro protagonista salió del edificio con una caja de cartón y la frente en alto, a pesar de su reputación manchada y una inmensa sensación de injusticia derivada de un proceso sumario, seriamente viciado de nulidad en términos muy legales, sin evidencia y sin debido proceso.
Se favoreció precisamente la falta de ética de las complotadas. La puerta se cerró. El sistema de Compliance, diseñado para proteger la legalidad y la ética, quedó transformado en una herramienta de sicariato corporativo.
¿En qué momento se perdió el rumbo de esa ola de cumplimiento corporativo iniciada en 2010? ¿Cómo se entregó a administradores no entrenados en leyes un tema que en definitiva es legal? ¿Cuántas cabezas han rodado bajo un sistema inquisitivo eminentemente injusto?
Hay seguramente miles de cuentos como el que les traigo aquí.
Atención: Esta historia está basado en hechos reales, los nombres, locaciones y empresa han sido ocultados para proteger a los protagonistas. Y… a quien le quede el guante, que se lo plante…
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