La Autoaborrecencia Hispanoamericana: Un viaje de ida y vuelta
Nací en Caracas, bajo la mirada imponente de una montaña que nos define, crecí como cualquier otro latinoamericano bajo una narrativa en la educación de nuestra historia, la cual, vista desde hoy, resulta extraña y totalmente dicotómica.
Por un lado, nos enseñaron a admirar “La Madre Patria” España… y por el otro nos hacieron partícipes de una herencia de víctimización, derivada del despojo y la falta de libertad impuesta por el imperio que nos sometía con su yugo. Y no hay que romantizar las cosas, que mucho horror hubo en ese proceso de dominación surgido del descubrimiento de América. Eso si, toda esa historia con un orgullo incongruente por nuestra lengua castellana, con nombres y apellidos españoles y fervientes creyentes en el cristianismo católico.
Nuestros símbolos patrios, una semblanza de esto, la bandera venezolana por ejemplo es amarillo, azul y rojo, significando el azul el mar que nos separa de la madre patria… y el rojo, la sangre derramada por nuestros próceres para lograr la independencia… eso y la bipolaridad son bien parecidas.
Siempre sospeché de esta narrativa, sin saber qué exactamente sospechaba, y no hace falta ser muy inteligente para darse cuenta de que algo no cuadraba bien. ¿Cómo aborrecer lo español que nos condenó al horror de la conquista, si España en mi madre patria?
Me hablaban de “Libertad” pero el máximo exponente de esa libertad, el endiosado Simon Bolivar, siendo inmensamente rico, blanco criollo, tenía en calidad de propiedad miles de esclavos africanos, de hecho le amamantó de niño una esclava, la Negra Matea, pues su madre, en el tope del tope social, no amamantaba a sus hijos, sino que ponía a una nodriza, la cual debía alimentar al niño de sus amos, por encima de su propio hijo. Decía Bolívar que Matea, era como su madre, y de hecho finalmente en 1821, le dió su libertad. Seguirían mas de 30 años de continuidad de la esclavitud en Venezuela y gran parte de los nuevos paises formados a partir de la consigna de la Libertad.
La próxima referencia de España que tuve, fue la de mi abuelo materno, quien, simpatizando con la izquierda, juró jamas pisar España mientras estuviera al frente del gobierno Franco. Era frecuente escuchar a mis padres hablar de España como un país empobrecido, en dictadura y atrasado. Todas las conserjes de los edificios en Caracas eran españolas y además eran costureras consagradas, toda la ropa era arreglada por una española inmigrante que había huido de la miseria en esa época.
También crecí repitiendo y riendo a carcajadas chiste tras chiste de gallegos, caracterizados como gente extremadamente ignorante, mas adelante en mi vida entendería que de hecho son de los mas preparados de España.
En los años 80 empezarían las crisis económicas de Venezuela, y con ellas el agudizamiento del desprecio a nosotros mismos, “incapaces de salir adelante” como herencia de lo peor… España. Fíjate, decían muchos… si nos hubieran conquistado los ingleses seriamos como Estados Unidos… pero no… tenían que venir los españoles… Confieso que lo creí, y me parecía constatarlo al viajar al norte, donde todo era "una maravilla", donde la vida era todo lo que nuestra raza era incapaz de lograr.
Me faltaban sin duda un montón de piezas del rompecabezas, y no entendía en lo mas mínimo el daño que contribuía a hacernos como país, queriendo ser algo distinto a lo que somos, aborreciendo mi propio origen, y mirando afuera de mi país para parecerme a algo que nos era ajeno, comiéndome el cuento de una tierra de libertad y demás tonterías artificiales construídas por la propaganda y el consumo, lo cual me alejaban de lo propio, para dejarme en una situación permanente de precariedad y orfandad cultural. No me daba cuenta, así era y ya.
El desvío que cambió mi destino
Mi conexión real con nuestra identidad no nació pues de mi lengua, mi piel, mi cultura o mi religión, que valga decir sería suficiente, sino de un giro inesperado en mi proyecto de estudiar un postgrado fuera de Venezuela.
Como tantos otros quería estudiar en el exterior, la elección después de mucho investigar era Derecho Aeroespacial y de las Telecomunicaciones en la Universidad McGill, en Canadá. Sin embargo, al no poder costear aquel posgrado, me "transé" por un máster en Derecho de las Telecomunicaciones en ICADE, Madrid.
Esa elección por descarte, mas que por deseo, se convirtió en el encuentro más honesto con mi propia Hispanidad.
Llegué a Madrid un septiembre frío. Llegué a la casa de una señora que rentaba una habitación, Ana era una madre en todo el mejor sentido de la palabra, jamás olvidaré su cariño y su entrega, las conversaciones que tuve con lecciones interesantísimas sobre la Guerra Civil española, desde su familia opuesta a la República, “cada quien cuenta de la feria según le va”, decía cuando le increpaba que Franco había sido un dictador terrible. Instantáneamente me sentí en mi casa, a pesar de ser todo distinto, todo me era familiar de alguna manera.
En Madrid, poco a poco descubrí mi propia hispanidad, compartida no solo con los españoles sino con los latinoamericanos. Conviví con mexicanos, colombianos, chilenos y argentinos, el mito de la víctima se desmoronó. Compartíamos una arquitectura mental y una cosmovisión que nos conectaba de una manera muy poderosa. No somos víctimas de una conquista, las víctimas quedaron atras hace 500 años, y su reivindicación histórica ha sido abundante y suficiente, somos si, los herederos de una empresa grandiosa que España construyó y de la cual somos la continuación.
El mito de la Independencia: De la Hispanidad a la Guerra Civil
Esa reconexión me llevó a cuestionar la historia "oficial" de nuestra emancipación. Nos enseñaron que la Independencia fue un despertar heróico contra la opresión, pero la realidad es más compleja y dolorosa de aceptar.
Nuestras naciones no reaccionaron inicialmente contra el Imperio Español —del cual no éramos colonias, sino parte integral—, sino contra la invasión de Napoleón a España.
En 1810, las Juntas de Caracas, Buenos Aires y Bogotá nacieron como Juntas Defensoras de los Derechos de Fernando VII. Nuestras sociedades no estaban contra España, sino contra el usurpador francés.
Sin embargo, las élites criollas, imbuídas de una Ilustración francesa que en la propia Francia ya había derivado en imperio, aprovecharon la coyuntura para embarcarnos en una ruptura radical, la cual sin saber beneficiaba los intereses de Inglaterra y la misma Francia en su anhelo por destruir al Imperio Español, dueño y señor del mundo, aunque ya en decadencia.
Lo que siguió fue una Guerra Civil devastadora de mas de 14 años. Ni los indígenas ni gran parte de los criollos deseaban la separación, porque, sencillamente éramos España, y de hecho esos opuestos locales lucharon las batallas contra los independentistas.
La misma hermana de Simón Bolívar, la criolla principal de Caracas era realista acérrima e irreductible, igualmente Lima era un bastión que no deseaba bajo ninguna circunstancia separarse de España.
Ese conflicto, armado en parte artificialmente, destruyó la economía, el orden jurídico y el tejido social, que nos había convertido en lo mas desarrollado y acaudalado del mundo durante 300 años, dejándonos en una pobreza máxima y profundamente endeudados con Inglaterra y Francia, divididos en 20 repúblicas irrelevantes, a placer de los poderes emergentes de Europa.
Las Repúblicas resultantes tuvieron encima que lidiar con el desacuerdo interno permanente, la rebatiña en el ejercicio del poder, y el abuso tremendo de las élites criollas contra los indígenas a quienes terminaron de despojarles sus tierras, los pardos ninguneados socialmente y los negros quienes siguieron siendo esclavos por varios decenios. Y todo en nombre de la Libertad, Igualdad y Fraternidad.
El mismo Bolívar en su temprano ocaso escribió que había servido al interés de otros (Los Ingleses) que la América era ingobernable, que había destruido 300 años de orden. “Quien sirve a la revolución ara en el mar” dijo.
Reclamar la herencia para sanar el presente
Hoy, siendo mexicano y venezolano, abogado para multinacionales en Hispanoamérica, soy testigo excepcional de las cicatrices de esa ruptura.
La "autoaborrecencia" extendida por años en nuestros países, combinada con un exacerbado chauvinismo bipolar, es el resultado de habernos contado una historia, inventada por otros, en la que renegamos de nuestra raíz para abrazar un papel de víctimas que nos paraliza, narrativa alimentada por quienes usan la lucha de clases como fundamento de su plan político.
Somos, a despecho de algunos trasnochados que compran los discursos que nos dividen, una hermosa mezcla de los 3 grupos humanos que interactuaron aquí, efectivamente en desigualdad de condiciones severas, pero con un resultado apoteósico. Prevaleciendo lo hispano como cultura dominante, cruzada transversalmente por lo indigena y lo negro, en todos los ámbitos.
España no arrasó con America, y no se llevó “todo” el oro ni nos dejó pobres con una cultura maldita. Eso lo hicimos nosotros a partir de la independencia.
España conquistó esta tierra, como sus antepasados Celtíberos habían sido conquistados por Fenicios, Romanos, Visigodos, y Moros, los cuales a su vez habían sido antes conquistados por otros pueblos, porque eso es lo que hacemos los seres humanos, que de paso es lo que ha garantizado nuestra continuidad genética, evitando la endogamia, hoy mucho mas civilizados lo hacemos con la migración.
Ninguna conquista es feliz para quien es conquistado, aquellos indígenas Mexicas, Incas, Caribes, Navajos, Arawakos, Mohwaks, Chibchas… y demás pueblos que construyeron civilizaciones, brillantes unas y muy precarias otras, y una vida por miles de años en America, tuvieron que dar paso a esta avalancha que trajo el Imperio mas poderoso y sabio de la época, y el resultado de esa campaña admirable iniciada hace mas de 500 años, somos nosotros, un abanico larguísimo de tonalidades de piel, evidencia de una mezcla virtuosa entre blancos europeos, indigenas americanos y negros africanos.
España nos legó un idioma que nos conecta con 500 millones de personas, una fe, una arquitectura monumental y una estructura jurídica que sigue siendo nuestro esqueleto.
Mientras sigamos creyendo que "nos robaron" sin ver la cultura y la empresa grandiosa que se construyó, seguiremos siendo extranjeros en nuestra propia casa.
Yo hace tiempo que entendí quien soy en ese contexto. Heredero de algo grandioso, construido como todo lo que vale la pena sobre sangre, sudor y lágrimas. No soy víctima y he dejado de aborrecer mi legado. Soy Hispano, soy Hispanoamericano.
Algunos enlaces a contenido sobre La Hispanidad:
* **España: La Primera Globalización:** https://lopezlifilms.com/espana-la-primera-globalizacion/
Un documental imprescindible para entender el alcance real del Imperio Español y desmitificar la Leyenda Negra.
* **Hispanoamérica, Canto de Vida y Esperanza:** https://lopezlifilms.com/hispanoamerica-canto-de-vida-y-esperanza/
Una obra que celebra nuestra unidad cultural y la riqueza de nuestra herencia compartida.
* **We The Hispanos:** https://lopezlifilms.com/we-the-hispanos-la-raiz-hispana-de-estados-unidos/
Una plataforma dedicada a reafirmar nuestra identidad y conectar a la comunidad hispana global desde el orgullo y el reconocimiento.
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