Hace algunas semanas, uno de esos domingos que, finalmente, no tienes una invitación a comer con algún familiar, uno de esos en que decides que ya es hora de quedarte en Caracas y no ir a la playa ni ningún otro lado, y que además amaneces como con ganas de regalarte algo de bienestar, decidimos subir al Ávila. Esta vez subimos por La Julia , entrada nueva para mi pues siempre he entrado por Sabas Nieves , pero como ésa entrada se ha vuelto tan popular, y lo que pulula allí es un desfile de modas de trapos y zapatos deportivos, así como de gente que va a lo mismo que al Sambil , solo que sudando, nos decantamos por algo mas al estilo de real descanso y desconexión. Es siempre un placer vincularse con la montaña de Caracas, apenas entras sientes la diferencia, el verdor, que se hace especialmente exhuberante en esta época de lluvias, nos envuelve, los pájaros que vuelan y hacen sus ruidos y cantos nos maravillan, y los ruidos en el monte, de los otros animales rastreros, que se mueven ...
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