sábado, 28 de febrero de 2009

DE CARACAZO EN CARACAZO


Hace 20 años nos enteramos de que el país estaba ardiendo, que la gente pobre que abunda en esta tierra realmente estaba cansada de tanta promesa incumplida y de tanta pobreza repetida, hace 20 años se cumplió lo que algunos advertían entre preocupación e incredulidad, hace 20 años bajaron los cerros.

Yo era un muchacho, estaba en el último año del colegio, ese año me graduaba de bachiller en ciencias, vivía dentro de una burbuja de comodidades y buena vida, sin que mi familia de clase media, fuese millonaria - ya el Viernes Negro de 1983 había frenado el ascenso económico en mi casa.

Ajeno a los acontecimientos y con claros intereses en mi cabeza -ir al colegio, compartir con mis amigos y vivir, todo ello sin necesidad de trabajar pues mi padre me proveía de todo- carecía pues de la profundidad para entender en toda su dimensión lo que ocurría, sin que por ello dejara de sentirse angustia e incertidumbre en mi golpeado hogar de Clase Media, heredero de la intelectualidad de uno de los protagonistas de la generación del 28.

El 27 de febrero de 1989, acababa de tomar posesión de la presidencia Carlos Andrés Pérez, figura terrible de la más aterradora opulencia nueva rica de los años 70 en Venezuela, director de orquesta del más indolente despilfarro e incompetencia que se hubiera visto hasta entonces, y artífice de la crisis, en todos sus vértices, que se vivía en el país desde 1983.

La promesa de una supuesta nueva repartición de riqueza para los sectores más pobres, le montó de nuevo en el poder, tras unas elecciones en las que el lema fue ¡EL GOCHO P’Al 88!

La decepción de la gente no tardó, pues aconsejado por "extraordinarios técnicos", y sometido el país a las directrices del FMI – no había alternativa pues las reservas monetarias alcanzaban para pocos meses y la situación era desesperada para el crédito internacional- se impuso un PAQUETE económico, que ocasionó una inflación desmedida de inmediato, que fue bastante más que un balde de agua fría para la población que votó por CAP, y una desagradable sorpresa para el resto de la población.

La escasez fue el pan nuestro de cada día, y el agravamiento de la situación de la población se hizo insostenible, todo eso en menos de un mes, y tras la toma de posesión más escandalosamente celebrada, a la altura de la coronación de un rey -a la que por cierto asistió, tomando para si 5 pisos del Eurobuilding en Caracas, el dictador de Cuba, Fidel Castro, hoy mentor de nuestro presidente, líder de nuestra actual desfortuna-, se obligó al país a amarrarse los pantalones, ¡tamaña inconsistencia y tamaño descaro!

Mi madre, salió el 28 de febrero a hacer mercado, todos nos quedamos en la casa esperándola, durante las 3 horas que estuvo ausente, no paró de sonar el teléfono de la casa -aún no existían celulares en Venezuela-. Las llamadas eran para advertir del paso de las “hordas de saqueadores”, gente de los barrios pobres que se dirigía a los auto mercados y los saqueaba, mi madre estaba en uno de esos comprando, al llegar tranquila con sus bolsas intactas y pagadas, supimos por primera vez de la exageración del rumor.

Sin embargo no era exageración que efectivamente la ciudad estaba ardiendo, que la población decidió salir a la calle a manifestar el odio retenido durante años y su más absoluto desacuerdo con la forma de vida y la repartición de las cargas para salir de la crisis, eso se tradujo en pillaje y robo, y la respuesta del gobierno, una vez calmada la situación, fue acribillar a la población y generar la más atroz violación a los derechos humanos que haya vivido Venezuela, murieron cientos de personas en sus casas, inocentes la mayoría, y sin juicio, en un país donde no existe pena de muerte. Años después se descubriría la aterradora prueba de ello en un lote de terrenos del cementerio del sur, donde fueron a parar, en una fosa común, los cientos de cadáveres del evento.

Cerca de mi casa, un automercado fue saqueado, y la Guardia Nacional, con órdenes de la Presidencia de La República y los militares, disparó durante un eterno minuto, tiempo durante el cual mi madre gritaba desenfrenadamente que me tirase al piso, mientras yo me asomaba en la ventana, sin percatarme del peligro que corría, al día siguiente la escena de destrucción y sangre seca en el piso, evidenció lo ocurrido, el recuerdo aún me da escalofrío.

En esos días, de Toque de Queda, días en los que no había colegio, ni trabajo, días en los que nuestros derechos estaban suspendidos, aunque no supiéramos de que se trataba, los muchachos de la Clase Media nos reuníamos en las casas de otros para jugar Sabelotodo – el juego de moda- había que quedarse a dormir pues desde las 6 pm hasta la mañana estaba prohibido circular por la ciudad, con lo cual se hacían fiestas tan inolvidables como irresponsables en medio de lo que ocurría.

La mejor amiga de mi hermana, estudiante de medicina, obtenía salvoconductos para poderse movilizar por la ciudad, y así salir de fiesta en medio de la situación aterradora. Hubo aplausos por la labor desempeñada, para el Ministro de la Defensa de la época, a su llegada a un espectáculo, que tiempo despues se celebró en el Teatro Teresa Carreño. Siguió la fiesta, y el divorcio absoluto de unos caraqueños frente a otros, una vez mas nos colocábamos de espaldas a la realidad, eso no nos trajo buenas consecuencias más adelante, y sigue siendo un tema a resolver.

En mi casa, la crisis se acrecentó, se debilitó aún más el poder del dinero que mi padre producía, y sin embargo, no hubo grandes necesidades insatisfechas, de hecho hasta algunos lujos nos permitimos gracias al sudor de la fente de mi padre, mientras el 80% de la población totalmente a la deriva siguió en la misma miseria, miseria que hoy despues de 2 décadas aún está lejos de resolverse.

Un mes transcurrió antes de que la situación se normalizara completamente, pero las consecuencias de los hechos del 27 de febrero de 1989, se sienten hoy, pues de allí se derivaron los intentos de Golpe de Estado de 1992 que colocaron en la palestra política a Hugo Chavez, de allí fermentó el deseo popular y viceral de cambiar, a como diera lugar, el estamento político vetusto e inútil, y de allí finalmente surgió la posibilidad de que un nuevo “mesías” lleno de odio y de rencor, interpretara los deseos del pueblo enojado y soliviantado, y se erigiera en el Jefe Máximo del país, para hacer exactamente lo mismo que sus antecesores corruptos, con el agravante de la destrucción de la institucionalidad y la democracia.

Así pues, de aquel Caracazo, al Caracazo que eventualmente volveremos a sufrir, pues las razones de fondo de aquel evento macabro de 1989 siguen vigentes, no queda sino algún tiempo, pues a no dudarlo, un día, nuevamente, bajarán los cerros.