martes, 5 de febrero de 2008

ME DEJA EN LA PARADA POR FAVOR


Una de las sensaciones de mayor libertad en la vida, de casi cualquier habitante de una ciudad, es poderse mover a placer andando y usando el transporte público.

Los caraqueños somos gente que anda metida en vehículos el 80% de nuestro tiempo, bien sea que uno ande en carro ó en colectivos, hace ya un rato largo que nos olvidamos del placer de caminar.

Algunos de nosotros tenemos la “dicha” de manejar nuestro propio automóvil, y hemos creído durante años y años de colas interminables, de ida y de vuelta, que el summum de la felicidad está en trasladarnos solos, deprivados del contacto con la gente, en nuestros carros con vidrios ahumados, aire acondicionado y un escándalo de música adentro.

Hace algunos años, viviendo fuera de mi país, sin carro, descubrí que andar a pié, no solo es la libertad más grande que cualquier citadino puede experimentar, sino que además tiene un componente de placer inigualable, pues se tiene la dicha de ver todo, de escuchar los sonidos, de sentir los olores, y de ver a la gente. Me tomó 3 meses curarme de la locura vehicular de Caracas, pero finalmente me desintoxiqué y aprendí como el resto de la humanidad a caminar y a tomar el autobús. Hoy he vuelto a enfermar, me la paso en mi carro.

En Caracas, el sistema de transporte público es, apartando el Metro, muy malo. Sin embargo en medio del aparente caos, ese mismo sistema nefasto de transporte es capaz de llevarlo a uno donde quiera, pues se caracteriza por una absoluta flexibilidad, la cual es, por supuesto, un gigantesco desafío a las necesidades de orden en la ciudad.

Así pues, si usted está en la mitad de una avenida, y decide que es hora de montarse en un “carrito”, usted simplemente comienza por desearlo – y no tiene nada que ver con “El Secreto”-, luego al ver uno, saca usted la mano señalando que requiere el servicio, e inmediatamente y sin contemplaciones de ninguna índole el autobusero hará todas las maniobras necesarias para recogerlo en ese sitio. No habrá semáforo, vigilante de tránsito, vehículos transitando, peatones, obstáculos físicos y/o psíquicos, que le impidan a ese autobús recogerlo, mucho menos alguna norma de tránsito, y es que tal como pone la pegatina del vidrio de atrás, el chofer tiene “el poder de Jerkinson, mi hijo el primero”, poder que se demuestra con el estruendo del escape del autobús.

Una vez dentro de la unidad, no hay reglas estrictas, usted puede pagar al entrar ó al salir, puede ir sentado ó de pié, no necesita estar pendiente de las paradas, donde usted desee le dejan, si tiene calor se ubica tomado del tubo en la puerta, si tiene frío se sienta en el montículo del embrague que normalmente está caliente, si quiere conversar lo hace, si quiere callar se calla, y así.

En el autobús, el viaje es tremendamente placentero, pues se ofrecen una gama de temas con los cuales divertirse durante su trayecto, para comenzar, le acompañará su propia banda sonora, no la suya, sino la del autobús, las ganas de bailar seguramente le inundarán el cuerpo al escuchar a todo volúmen un reggaetón, salsa trancada ó merenguito, y si le toca sentado, la sensación de montaña rusa del vaivén de las sillas, a punto de despegarse, cada vez que el conductor mete un frenazo, no le darán tregua para pensar en lo tarde que va para su trabajo, colegio y/o/u casa, si va de pié, el dilema será de donde agarrarse para no ir a dar al parabrisas de la “buseta”.

La diversión dentro de la “camionetica” no tiene final, una vez que se haya acostumbrado a las condiciones sonoras y físicas de la unidad, podrá ver la gama de letreros sugestivos pegados en la unidad: ” Por favor Correrse atrás”, “No fío ni a mi madre”, “No se montan estudiantes” , “Pagar al Salir”, todos adornados con una variedad asombrosa de guindandejos y objetos que se mueven, entre los cuales debo destacar, por ser mi preferido, los perritos que mueven su cabeza negando y asintiendo al son de los huecos de la ciudad, son mundiales.

A medida que mas gente va entrando en el autobús, la experiencia se crece, va uno “corriéndose atrás”, mientras la señora con cara de susto intenta sentarse, un muchacho golpea a todos con su morral, y dos mujeres morenas ataviadas como para ir a una fiesta despotrican de sus jefes, dos señoras españolas se cuentan horrorizadas las últimas historias de horror sobre robos con cuchillos en autobuses, “vamoS que eSto Si que eS el colmo”, dicen haciendo el acostumbrado acento en las S.

En una de las paradas, todas voluntarias, ninguna indicada, entra a la “camionetica” un grupo de tres hombres que adoran a San Benito, quienes tocando un tamborcillo piden dinero para su causa, un policía viaja tomado de la barra de la puerta abierta, el niño sentado juega con un saca piojos, me muero de curiosidad por saber que alternativas tiene dentro, el contacto con la gente es inigualable, olores, colores, texturas, voces, deseos y sueños, ocurriendo en un mismos sitio, no se extraña ni por un minuto la soledad fría del carro propio atascado en la cola.

El autobús se acerca a los sitios de destino, los pasajeros con voz clara y fuerte indican “Me deja donde pueda señor” a lo que el conductor inmediatamente responde recortando la velocidad y cruzando hacia el borde de la vía –con ó sin acera- para que baje el pasajero, “permiso por favor, permisito señora, déme un chancecito amigo” hasta que llega al frente del autobús donde paga los 0,9 Bs.F (900 Bs. N) y se baja por la misma puerta por donde entró. Atrás el tráfico de la ciudad cornetea detenido. El pasajero llegó a su destino.

4 comentarios:

andry dijo...

Hola, de verdad lei tu post y me parecio muy bueno, pareciera que lo estubiese viviendo. Yo estoy en Australia y me da mucha risa todo lo que dices ya que aqui el transporte publico es bien organizado, y puntual.. Te invito a leer mi blog para que tengas una idea del transporte en Australia. Saludos coordiales.

El R dijo...

Hola Iván. He disfrutado mucho tu post. El transporte público funciona caóticamente en todos nuestros países, pero son una fuente inagotable de inspiración que describe muy bien los avatares de la vida urbana, a pesar de lo cuál sobrevivimos.
Un abrazo, en verdad me divertí mucho. Si tienes tiempo, te invito a hojear mi Blog. Saludos

Mil Orillas dijo...

No me acordaba del "por donde pueda..."

jajaja!

La última vez que subí en carrito costaba dos bolívares...

Estaba en primer año de bachillerato.

Me ha encantado este post, Iván!

Un besazo!

IERL dijo...

Saludos.

Andry: Puedo imaginarme la organización del transporte en Australia, de momento aqui sigue siendo igual de folklorico. Muy bueno tu Blog.

el r: Es cierto, en latinoamerica es realmente interesante como nos comportamos, tenemos además en común casi todo, en Mexico estos autobuses que describo se llamn Peseras, y son identicos a las Camioneticas de aqui, y a los Buses de Bogotá. Excelente tu Blog.

Mil Orillas: Hace rato que los carritos cuestan mas de 1 Bs. Ahora ceustan 900 Bs. Claro, como hicimos la ridiculez de cambiar de moneda ahora cuesta menos!!!! es decir cuesta igual ó mas, pero menos nominalmente, cuesta 0,9 BsF. eso si, es idéntico a como lo dejaste. Abrazo.