La Fábula del Zapato
Desde que tengo uso de razón, he escuchado a mi madre recitar una y otra vez la Fábula del Zapato…
Cuando era niño, cada vez que algo no salía como yo quería, mi mamá en vez de consolarme y apoyar mi sensación de miseria del momento me recitaba esta historia del zapato, a modo de lección, y con la repetida mil veces historia de su tío Hector, autor de la fábula.
Y claro, yo no entendía que demonios tenia que ver con el hecho de no poder salir a jugar o con el hecho de que tuviera que hacer la tarea o cualquier cosa, en vez de lo que me dieran ganas de hacer, con el fulano zapato triste debajo de la cama de la cama de su tío.
El tío Hector Loynaz Paez-Pumar, era el hijo mayor de mi bisabuelo Enrique Loynaz Sucre y su esposa Belén Paez-Pumar, nacido en 1902, de una pareja muy especial en la Venezuela de principios del siglo XX. Él un Ingeniero Civil graduado en la Sorbonne de París y ella una caraqueña distinguida y estudiada (raro en su época) egresada del Colegio San José de Tarbes, totalmente en francés, idioma en el que hablaban entre ellos para que los niños no supieran de que conversaban. Vivían en Colón, estado Táchira debido al trabajo de él, encargado de las obras del Gran Ferrocarril del Táchira.
Mi abuelo, Edgar Loynaz Paez-Pumar, se desvivía por su hermano mayor, sentía una admiración inmensa, y cuando hablaba de él se le iluminaban los ojos, los cuales abría muy expresivamente para hacer notar la grandeza y talento de su hermano, quien efectivamente había heredado de su padre el gusto por las letras, y escribía poemas, ademas de historias, las cuales dramatizaba de manera muy especial, contaba mi abuelo. Siempre terminaba su hilo de alabanzas recitando, con un particular tono de drama, la Fábula del Zapato… a modo de súmmum de su sabiduría, legado y virtud. El hijo mas joven de mi abuelo recibió el nombre de su adorado hermano.
No era frecuente que se mencionara el final del tío Hector, quien vivió poco, y cuya muerte trágica en la flor de su juventud generó una lógica e inmensa tristeza familiar. El tío Hector con no mas de 20 años, en una embarcación en medio del Lago de Maracaibo, fue golpeado por el mástil y lanzado al agua, donde inconsciente por el golpe se hundió y ahogó.
He aquí su obra, la que tanto ha significado para sus hermanos, para sus sobrinos, y sobrinos-nietos, y ya a estas alturas inmortalizado en la memoria de muchos de sus familiares “descendientes” indirectos pues no tuvo hijos.
LA FÁBULA DEL ZAPATO
Autor: Hector Loynaz Paez-Pumar
Quedábame de un par que yo tenia
Un zapato finísimo de cuero.
Del cual el compañero
se perdió, sin saber yo cómo, cierto día.
Era fama que el zapato se la pasaba debajo de mi cama,
llorando como un niño todo el día, porque yo ya no me lo ponía.
Un día, queriendo aprovechar,
Contraté un zapatero
Para que me hiciera sin tardar,
un compañero.
El zapato lloraba de alegría… Vana ilusión, porque a los pocos días tenía en la planta un enorme agujero…
Moraleja: Cuantos hay que llorando están así, por algo cuyo logro trae males… Hay mas de mil casos como el del zapato que les traigo aquí.
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